viernes, 6 de marzo de 2009
jueves, 5 de marzo de 2009
domingo, 4 de enero de 2009
Persona non grata
De nuevo en Australia, y esta vez de milagro. Resulta que soy sospechosa de algo por haber viajado a estas soleadas tierras dos veces en un año. Y así me trataron en el aeropuerto de Brisbane, como a una mala malísima. Yo no sé que me pasa últimamente con las fuerzas del orden, que no me dan más que disgustos. Con lo buena chica que soy yo.
Algo ya me temía, esta gente no tiene fama de ser especialmente amable. Incluso tienen un programa semanal en la tele titulado 'Border police' (quitas una r y el nombre te lo dice todo) que va de eso, de los viajeros a los que no se permite la entrada en el país. Utilizan las cámaras de seguridad del aeropuerto para mostrar por qué el tipo en cuestión es sospechoso, todo el interrogatorio al que lo someten y si lo deportan o no. Con su ley en la mano, ni siquiera tienen que darte una razón para meterte en el siguiente avión de vuelta a tu país, simplemente no les gusta tu careto y no te dejan entrar. Y digo yo, no podrían decírtelo antes de que te chupes más de 24 horas de avión, y de que te gastes un buen puñado de euros?
El caso es que a mí me retuvieron el pasaporte y estuve una hora en la sección 'sospechosos' donde una vacaburra con hemorroides se dedicó a preguntarme cosas que ni mi mejor amiga, jarta a cañas, se atrevería. Le faltó preguntarme por mi postura preferida en la cama, porque del resto se quiso enterar de todo, la muy cenutria.
Me tocó la moral y mucho. Si hay algo que odio en el mundo mundial es el concepto 'fronteras'. Todo ese rollito de 'nación', 'patria' y 'propiedad' me da mucha fatiga por lo falso y viciado que resulta. Por no hablar del tema "yo tengo uniforme y tú no = yo tengo la razón y tú no" (este comentario me va a traer más de un problema con algún lector uniformado que tengo por ahí).
Lo que más le interesaba a la bellaca insatisfecha que me tocó en suerte era saber si tenía dinero.
-"Por supuesto", contesté. "Tengo 2.400 euros ahorrados (28,97 hasta que cobre el último mes trabajado en Gandia) y un apartamento en Ibiza que alquilo por 500 euros al mes" (je, je. En realidad todas mis posesiones caben en unas cuantas cajas almacenadas en un sótano ajeno).
-"Sabes que no puedes trabajar en Australia, verdad?".
-"Claro, ninguna intención, he venido de vacaciones". (Mañana empiezo a currar en el mismo sitio de la última vez).
Y así durante una hora, ella preguntando y yo mintiendo a lo loco aprovechando que la muy prepotente no se dignó a mirarme a los ojos ni una sola vez, entretenida como estaba en fotocopiar todos los documentos y papeles que encontró en mi cartera para configurar un bonito expediente que ahora descansa en la sección 'indeseados' de la policía de inmigración.
Al final, visto que era hora de cenar (y por su tamaño la foca bigotuda ésta no debe perdonar ni una toma), dijo que vale, que podía pasar, pero que tuviera claro que "no puedes vivir en mi país a base de visados de turista". Y ahí estuvo apunto de peligrar el éxito de tanto teatro, porque me tuve que morder la lengua fuerte, muy fuerte para no contestar: "Escucha, error de la naturaleza, para empezar no es 'tu' país, más bien tu abuelo y sus colegas de presidio se lo robaron a los aborígenes a punta de pistola y a los pocos que no mataron los tienen almacenados en reservas y, además, no tengo ninguna intención de pasar el resto de mi vida en un sitio donde si sobrevives a los tiburones, cocodrilos, arañas o medusas asesinas te acaba matando un cáncer de piel".
Reconozco que la perspectiva de que me metieran inmediatamente en un avión de vuelta para España después de las más de 30 horas de viaje que llevaba sufriendo mi cuerpo serrano, me bajó un poco los humos y, en lugar de un chulesco: "Pues ahora no me da la gana quedarme y me vuelvo a casa de mi madre a comer lentejas", sólo se me escapo un incomprensible y poco cierto: "Yo no quiero vivir en Australia, yo ya tengo mi país y me gusta mucho más que éste". Al final va a resultar que sí tengo una vena patriótica. Qué triste.
PD. Quería mandaros una foto en la playa, en bikini y todo eso, por aquello de la envidia, pero estoy tan blancurria que más que envidia doy penita, así que ahí va una canción de la gran Nina Simone resumiendo lo que me gustaría haberle dicho a la tiparraca de la frontera: "No tengo dinero, no tengo casa, no tengo zapatos...pero tengo mi cerebro, tengo mis ojos, tengo mi sonrisa, tengo VIDA"
viernes, 10 de octubre de 2008
El síndrome de la cabra loca

Estoy malita. Tengo la enfermedad de las cabras locas, también conocida como 'mal de la cabeza sentada', 'síndrome de la clase media aburguesada' o 'culitis inquietitis'.
Se trata de una enfermedad de difícil curación, causada por la bacteria de la monotonía y el retrovirus del día a día, y que se contrae al besar (sin lengua pero con lágrimas en los ojos) los sellos de los visados que adornan mi pasaporte.
Los síntomas son variados y fácilmente confundibles con los de una anemia cualquiera: somnolencia, mareos, dolor de cabeza continuo, sensación de "no puedo ni con mi nombre".
Pero un exhaustivo examen a manos de un profesional permite vislumbrar otros indicios no tan habituales: sonrisa trabajosa y entrecortada; suspiros ante la sola mención de la palabra 'Alaska', 'Colombia' o 'Ushuaia'; miradas de cordero degollado al atlas que duerme en la mesilla de noche.
Y un día te descubres añorando ese asqueroso gusano que te comiste navegando por el Amazonas, el frío que pasaste en Antigua porque absolutamente toda tu ropa se había mojado con la incesante lluvia, el cansancio extremo subiendo a pata al Machu Picchu para ahorrarte los pocos dólares que costaba el bus y así poder cenar.
Comes las riquísimas lentejas de mamá sin ganas; te aburren los tropecientos canales de la tele; la habitación te parece desolada sin cucarachas ni desconchones de pintura en las paredes; la ropa limpia y con suavizante te da alergia.
Y entonces sabes que estás grave, que lo tuyo no tiene remedio. La enfermedad de la cabra loca te ha atrapado y sólo te queda una solución: tirar para el monte.
(La foto de arriba es una señora abuelita peruana echando una siesta al sol de Cuzco y la de abajo es un mural de una calle de Valparaíso, Chile)lunes, 8 de septiembre de 2008
Upssss!!!!
martes, 22 de julio de 2008
Sorry, Jono
"¡Prefiero mil veces que un borracho te toque el culo en el bar, a que te digan que una sonrisa tuya vuela más alto que una mariposa!"
Las palabras son un arma de destruccion masiva y deberian estar controladas por algun organismo internacional. O igual soy yo que no se usarlas. A raiz de un estupido comentario escrito en mi ultima entrada (y que ya he borrado, no me sean morbosos), me veo pidiendo perdon y recordando el dialogo entre Beatriz y su madre en el libro 'El cartero de Neruda', el libro de Antonio Skarmeta que luego fue llevado al cine. No tienen desperdicio. Con este 'copio-pego' despido este blog hasta que vengan tiempos mejores o yo aprenda a controlar mis dedos sobre el teclado. Nos vemos en mi e-mail.
"La madre se puso de pie y cruzó delante de su pecho las palmas de las manos, horizontales como los filos de una guillotina.
- Mijita, no me cuente más. Estamos frente a un caso muy peligroso. Todos los hombres que primero tocan con la palabra, después llegan más lejos con las manos.
- ¡Qué van a tener de malo las palabras! – dijo Beatriz abrazándose a la almohada.
- No hay peor droga que el bla-bla. Hace sentir a una mesonera de pueblo como una princesa veneciana. Y después, cuando viene el momento de la verdad, la vuelta a la realidad, te das cuenta de que las palabras son un cheque sin fondo. ¡Prefiero mil veces que un borracho te toque el culo en el bar, a que te digan que una sonrisa tuya vuela más alto que una mariposa!
- ¡Se extiende como una mariposa! – saltó Beatriz.
- ¡Que vuele o que se extienda da lo mismo! ¿Y sabes por qué? Porque detrás de las palabras no hay nada. Son luces de bengala que se deshacen en el aire.
- Las palabras que me dijo Mario no se han deshecho en el aire. Las sé de memoria y me gusta pensar en ellas cuando trabajo.
- Ya me di cuenta. Mañana haces tu maleta y te vas unos días donde tu tía en Santiago.
- No quiero.
- Tu opinión no me importa. Esto se puso grave.
- ¡Qué tiene de grave que un cabro te hable! ¡A todas las chiquillas les pasa!
La madre hizo un nudo en su chal.
- Primero, que se nota a la legua que las cosas que te dice se las ha copiado a Neruda.
Beatriz dobló el cuello y miró la pared como si se tratara del horizonte.
- ¡No, mamá! Me miraba y le salían palabras como pájaros de la boca.
- Como “pájaros de la boca”. ¡Esa misma noche haces tu maleta y partes a Santiago! ¿Sabes cómo se llama cuando uno dice cosas de otro y lo oculta? ¡Plagio! Y tu Mario puede ir a dar a la cárcel por andarte diciendo… ¡metáforas! Yo misma voy a telefonear al poeta, y le voy a decir que el cartero le anda robando los versos.
- ¡Cómo se le ocurre, ‘ñora, que don Pablo va a andar preocupándose de eso! Es candidato a la presidencia de la república, a lo mejor le dan el Premio Nobel, y usted le va a ir a conventillear por un par de metáforas.
La mujer se pasó el pulgar por la nariz igual que los boxeadores profesionales.
- “Un par de metáforas”. ¿Te has visto cómo estás?
Agarró a la chica de la oreja y la trajo hacia arriba, hasta que sus narices quedaron muy juntas.
- ¡Mamá!
- Estás húmeda como una planta. Tienes una calentura, hija, que sólo se cura con dos medicinas. Las cachas o los viajes. –Soltó el lóbulo de la muchacha, extrajo la valija desde abajo del catre y la derramó sobre la colcha–. ¡Vaya haciendo su maleta!
- Mijita, no me cuente más. Estamos frente a un caso muy peligroso. Todos los hombres que primero tocan con la palabra, después llegan más lejos con las manos.
- ¡Qué van a tener de malo las palabras! – dijo Beatriz abrazándose a la almohada.
- No hay peor droga que el bla-bla. Hace sentir a una mesonera de pueblo como una princesa veneciana. Y después, cuando viene el momento de la verdad, la vuelta a la realidad, te das cuenta de que las palabras son un cheque sin fondo. ¡Prefiero mil veces que un borracho te toque el culo en el bar, a que te digan que una sonrisa tuya vuela más alto que una mariposa!
- ¡Se extiende como una mariposa! – saltó Beatriz.
- ¡Que vuele o que se extienda da lo mismo! ¿Y sabes por qué? Porque detrás de las palabras no hay nada. Son luces de bengala que se deshacen en el aire.
- Las palabras que me dijo Mario no se han deshecho en el aire. Las sé de memoria y me gusta pensar en ellas cuando trabajo.
- Ya me di cuenta. Mañana haces tu maleta y te vas unos días donde tu tía en Santiago.
- No quiero.
- Tu opinión no me importa. Esto se puso grave.
- ¡Qué tiene de grave que un cabro te hable! ¡A todas las chiquillas les pasa!
La madre hizo un nudo en su chal.
- Primero, que se nota a la legua que las cosas que te dice se las ha copiado a Neruda.
Beatriz dobló el cuello y miró la pared como si se tratara del horizonte.
- ¡No, mamá! Me miraba y le salían palabras como pájaros de la boca.
- Como “pájaros de la boca”. ¡Esa misma noche haces tu maleta y partes a Santiago! ¿Sabes cómo se llama cuando uno dice cosas de otro y lo oculta? ¡Plagio! Y tu Mario puede ir a dar a la cárcel por andarte diciendo… ¡metáforas! Yo misma voy a telefonear al poeta, y le voy a decir que el cartero le anda robando los versos.
- ¡Cómo se le ocurre, ‘ñora, que don Pablo va a andar preocupándose de eso! Es candidato a la presidencia de la república, a lo mejor le dan el Premio Nobel, y usted le va a ir a conventillear por un par de metáforas.
La mujer se pasó el pulgar por la nariz igual que los boxeadores profesionales.
- “Un par de metáforas”. ¿Te has visto cómo estás?
Agarró a la chica de la oreja y la trajo hacia arriba, hasta que sus narices quedaron muy juntas.
- ¡Mamá!
- Estás húmeda como una planta. Tienes una calentura, hija, que sólo se cura con dos medicinas. Las cachas o los viajes. –Soltó el lóbulo de la muchacha, extrajo la valija desde abajo del catre y la derramó sobre la colcha–. ¡Vaya haciendo su maleta!
lunes, 21 de julio de 2008
Camino al norte








Camino al norte voy. Intentando llegar a Cape Tribulation, por aquello del nombre (otra vez) y de alli a Darwin, para verle el careto a los malvados 'salties', unos enormes cocodrilos que viven en rios y estuarios y que son muy, pero que muy malos. Por ahora solo he visto uno mini, poco mas grande que una lagartija sobrealimentada. Me tire media hora escondida detras de un arbol para ver si aparecian sus progenitores, pero por desgracia (o por suerte) no asomaron el morro.

Escribo desde Mission Beach, un mini pueblo una hora al sur de Cairns. Lo de pueblo es un suponer, porque durante un paseo tardio por la interminable playa he contado una veintena de casas, la mitad de ellas hostales, baretos o restaurantes.
La arena ya no es dorada sino tirando a naranja. Ni rastro de surferos ni de olas. El agua oscura y peligrosa, hogar de las temibles y temidas 'stingers', un par de medusas asesinas que hacen el ba;o imposible en verano y arriesgado en invierno. Y, para mi sorpresa, estoy en territorio un pajarraco enorme de cuello azul y una cresta-casco mas que curiosa. Se llama Cassowary y, teniendo en cuenta que puede llegar a medir dos metros y pesar 70 kilos, no estoy segura de querer encontrarme cara a cara con un par de ellos. De hecho ayer me fui a dar un paseo de cerca de ocho kilometros por el bosque donde viven. Iba yo solita y medio acojonada por la cantidad de ruidos raros e inexplicables que se oyen entre la maleza en cuanto dejas la civilizacion. Al principio iba caminando lo mas silenciosamente posible, camara en ristre, para inmortalizar al primer pajarraco que se cruzara en mi camino. Hasta que vi la primera deposicion-cagada de los susodichos. Horror. Una monta;a de bolas del tama;o de una patata peque;a o una pelota de golf grande. Y luego otra. Y otra. Y yo pensando "rediez, si este pajarito es capaz de expulsar esto por un agujerito de su cuerpo, que no sera capaz de engullir por su pedazo de bocota". El resto de la caminata lo hice a paso marcial, cantando a gritos los ultimos exitos de La Fuga, mirando por encima del hombro cada tres minutos y saltando dentro de mi pellejo cada vez que oia un ruido no identificado. Soy una gallina, lo reconozco. Iba tan pendiente de los cassowaries que hasta que no llegue al hostal no me di cuenta de que habia cruzado un par de riachuelos, con las botas en la mano y el agua por las rodillas, sin tomar las mas minimas precauciones anticocodrilos malotes. Es que este pais es un sinvivir!!! En fin.
La arena ya no es dorada sino tirando a naranja. Ni rastro de surferos ni de olas. El agua oscura y peligrosa, hogar de las temibles y temidas 'stingers', un par de medusas asesinas que hacen el ba;o imposible en verano y arriesgado en invierno. Y, para mi sorpresa, estoy en territorio un pajarraco enorme de cuello azul y una cresta-casco mas que curiosa. Se llama Cassowary y, teniendo en cuenta que puede llegar a medir dos metros y pesar 70 kilos, no estoy segura de querer encontrarme cara a cara con un par de ellos. De hecho ayer me fui a dar un paseo de cerca de ocho kilometros por el bosque donde viven. Iba yo solita y medio acojonada por la cantidad de ruidos raros e inexplicables que se oyen entre la maleza en cuanto dejas la civilizacion. Al principio iba caminando lo mas silenciosamente posible, camara en ristre, para inmortalizar al primer pajarraco que se cruzara en mi camino. Hasta que vi la primera deposicion-cagada de los susodichos. Horror. Una monta;a de bolas del tama;o de una patata peque;a o una pelota de golf grande. Y luego otra. Y otra. Y yo pensando "rediez, si este pajarito es capaz de expulsar esto por un agujerito de su cuerpo, que no sera capaz de engullir por su pedazo de bocota". El resto de la caminata lo hice a paso marcial, cantando a gritos los ultimos exitos de La Fuga, mirando por encima del hombro cada tres minutos y saltando dentro de mi pellejo cada vez que oia un ruido no identificado. Soy una gallina, lo reconozco. Iba tan pendiente de los cassowaries que hasta que no llegue al hostal no me di cuenta de que habia cruzado un par de riachuelos, con las botas en la mano y el agua por las rodillas, sin tomar las mas minimas precauciones anticocodrilos malotes. Es que este pais es un sinvivir!!! En fin.

Como esta lloviendo os cuento mas cosas.
En mi ruta desde Byron Bay, de donde sali el 2 de julio (creo), me detuve a saludar a una vieja y esquiva amiga: la Gran Barrera de Coral australiana. Tres viajes a Australia han sido necesarios para, por fin, poder remojar mis huesos en aguas turquesa y gui;arle el ojo a los peces de colores, las tortugas y las mantas que se pasean muy chulitos entre corales y estrellas de mar de un azul imposible.
Desde otro micro-pueblo llamado 1770 en honor a la fecha de arribada a estas costas del ubicuo Capitan Cook, un catamaran enorme infestado de japoneses me llevo a Lady Musgrave, un cayo-isla (que no una isla-callo) situado al extremo sur de la Gran Barrera. Tras la pertinente vomitona (tengo el dudoso honor de haber vomitado volando sobre las misteriosas lineas de Nazca en Peru, nadando entre delfines en aguas de Nueva Zelanda, durante cada una de las cuatro inmersiones del curso de submarinismo en Byron Bay hace ocho a;os, pescando en una barcaza en Gandia y en un monton mas de sitios que ahora no quiero recordar), al agua patos hasta que los labios se me pusieron morados y me tiritaba hasta el tatuaje de puritito frio. Bonito es poco.
Desde otro micro-pueblo llamado 1770 en honor a la fecha de arribada a estas costas del ubicuo Capitan Cook, un catamaran enorme infestado de japoneses me llevo a Lady Musgrave, un cayo-isla (que no una isla-callo) situado al extremo sur de la Gran Barrera. Tras la pertinente vomitona (tengo el dudoso honor de haber vomitado volando sobre las misteriosas lineas de Nazca en Peru, nadando entre delfines en aguas de Nueva Zelanda, durante cada una de las cuatro inmersiones del curso de submarinismo en Byron Bay hace ocho a;os, pescando en una barcaza en Gandia y en un monton mas de sitios que ahora no quiero recordar), al agua patos hasta que los labios se me pusieron morados y me tiritaba hasta el tatuaje de puritito frio. Bonito es poco.

Luego estuve en Carnarvon National Park. Espectacular. Todo esto viajando y viviendo en un coche convertido en casa gracias a una cama, una cocinilla y una nevera instaladas en la parte trasera.
Ya no llueve asi que no os cuento mas. Bueno si. Que el ordenador con las tildes y virgulillas se quedo en Byron Bay, como habeis comprobado. Y que llevo diez minutos intentando colocar las jodias fotos donde toca y no hay manera. Dita sea!!!
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