lunes, 12 de abril de 2010
El cerdo es otro
Por cierto, la jugada te ha salido fatal, con tu sucia maniobra estoy recuperando a gente con la que había perdido el contacto y a la que graciosamente has enviado un correo en mi nombre. Gracias (pero ve buscando un escondrijo).
Como un cerdo
Se supone que en plena era cibernética no hay secretos y eso debería tenerlo asumido. Lo cierto es que me siento fatal, como si hubieran violado mi intimidad más íntima.
Esto es parte un aviso para que no abráis mis mensajes y en parte un ruego con el mismo objetivo.
Gracias
lunes, 23 de noviembre de 2009
Me aburro

El sol se pone así de chulo en el CasinetEl que se aburre tiene lo que se merece, dijo no sé quién.
Sigo en Gandía buscando un trabajo que me lleve a Mongolia y mientras sale, hago limpieza de trastos acumulados. Anoche, leyendo viejos diarios me eché unas cuantas risas y descubrí que en 20 años, para bien o para mal, he cambiado muy poquito. En uno de esos viejos cuadernos encontré esta tontería que demuestra que una vez fui inocente.
Era 1996 y yo sobrevivía entre Salamanca, Gandía y Andorra.
"Voy a escribir semi en serio un libro recopilación que se va a titular: 'Me sobra'. Porque a la gente preguntada le falta dinero, tranquilidad, un amor, trabajo o aventuras. Pero a mí y a mi infelicidad le sobran muchas cosas.
Me sobra la dependencia físico-anímica de un abrazo.
Me sobran los racistas, machistas, feministas, violistas y demás istas (¿los ciegos también son racistas?)
Me sobran las salas de espera en el dentista de la Seguridad Social. El dolor físico, el malestar general, la sangre fuera de su ruta, el aire que no llega a un pulmón.
Me sobra el dinero. ¿Y si probamos una vuelta al intercambio? Yo te doy un libro bonito y tú me das un helado de menta y chocolate. Yo te doy un beso y tú me regalas un melocotón.
Me sobran los zapatos. Las cremalleras. Los botones. Los cinturones. El sujetador.
Me sobra el invierno. Y siento renunciar a la sauna casera bajo mantas zamoranas, desnuditos tú y yo.
Me sobran los ovarios una vez al mes.
Me sobra la muerte ajena, la mía me da risa.
Me sobra la fidelidad, los celos, la posesión. Me sobra el amor porque esclaviza, decepciona, suprime, engaña, duele, se come la inocencia y vomita pseudo sabiduría.
Me sobran dioptrías cuando alguien sonríe a lo lejos y no me entero. No me sobran en la piscodelia de la noche iluminada de una ciudad. ¡Todo es tan de mentira!
Me sobran las raíces que no tengo, la estabilidad que no busco, el equilibrio que rehuyo.
Me sobra la lombarda, las anchoas, la mayonesa, los callos a la madrileña y el gazpacho andaluz.
.Me sobran los medios de comunicación, la Aldea Global, el anonimato masivo, la soledad entre gentes, los concursos denigrantes en la tele, el ajedrez, el reloj que no tengo, más de la mitad de la ropa que sí tengo, los recuerdos, las escobas y fregonas, los niños egoístas, manipuladores, exigentes, adorables.
Me sobran ganas de vivir pero me faltan vidas.
Me sobra la vejez, la degeneración física pero sobre todo mental.
Me sobra el helado que me estoy comiendo porque me duele la garganta.
Me sobra la tristeza, propia, ajena, compartida o intuida.
Me sobran los políticos, los banqueros, los empresarios, los presidentes, los abogados.
Me sobran los mosquitos, las moscas puñeteras, los videntes, los hombres que pegan a las mujeres, las mujeres que pegan a los hombres y demás combinaciones.
Me sobran ganas de escribir o me faltan ideas, una de dos".
Supongo que en un rato me arrepentiré de esta entrada en la que se me ve demasiado el plumero y la borraré. Aprovechad estos momentos de debilidad...
martes, 25 de agosto de 2009
Resumiendo





Después de la tormenta llegó la calma y se me gastó Australia. No sé si a todo el mundo le pasa, pero a mí se me gastan los trabajos, los países y las gentes. Cuando llega ese momento ya no hay más solución que cambiar de decorado.
Y llegué a Gandía otra vez en estado 'sin': sin dinero, sin planes, sin futuro. Me encanta.
Tonteando por Internet descubrí un curso de la Universidad de Antonio de Nebrija, en Madrid, titulado 'Didáctica del Español', es decir, te enseñan a enseñar español a los que no saben y, como es mi caso, a los que creen que saben. Siempre me había atraído el tema y ya había hecho mis pinitos como profe en Canadá, en Francia... Mi medio hermana Carmen puso a mi disposición, una vez más, su casa y su tiempo. (Desde aquí te lo digo, tía Carmen: mil gracias. Te debo otra).
Dos semanas levantándome tempranito para ir "al cole" con mi carpesano, mis bolis, mis folios... Me encantó la experiencia, aprendí bastante y conocí gente estupenda que me animó a seguir con mi vida loca. María, José Miguel, José, Urban, Patricia, Silvia, Mayte, ..... Gracias, chicos, por demostrar al mundo que otra vida es posible.
Por cierto, si quieres echar un vistazo al infierno llévate a la clase de gramática española de las 9 de la mañana una resaca cervecil madrileña. No te digo más.
Huyendo de Madrid (¿de dónde ha salido tanta gente y por qué quieren vivir todos juntos, pasear todos juntos, ir de compras todos juntos, beber cerveza todos al mismo tiempo?) aparezco una vez más por Gandía dispuesta a comerme el mundo. Me apunto a cuanta oferta no del todo ilegal encuentro por internet y descubro, patidifusa, el apasionante mundo de las "Azafatas y promotoras". Si esto me pilla más joven y más guapa me forro.
Es increíble la cantidad de ofertas de trabajo que hay en este sector: presentaciones de automóviles, fiestas de todo tipo, degustaciones en supermercados y gasolineras. Sí, suena cutre y desesperado, pero se gana pasta y las complicaciones mentales son mínimas. Yo me gané 250 euros en cuatro días y medio realizando uno de los trabajos más surrealistas que se pueda uno imaginar: siguiendo un listado de bares y restaurantes facilitado por la empresa de marketing que me contrató, me dediqué a poner pegatinas con el precio del tabaco Pall Mall en las máquinas expendedoras. Impresionante. Descubrí un montón de lugares de Gandía que desconocía (algunos podían haber seguido desconocidos), aprendí en carne propia que en un pie talla 38 caben 10 ampollas tamaño cucaracha peruana y confirmé mi teoría de que la crisis económica la tengo yo toda, porque no encontré ningún bar vacío a ninguna hora del día o de la noche. ¡Qué país!

Medio agobiada por la falta de trabajo y, sorprendentemente, de dinero, a punto estuve de largarme a Canarias cuando, de repente, me descubrí tomando un avión hacia Ibiza. El culpable, JL, un gran amigo de esos de 'pá lo bueno y pá lo malo'. Sabiéndome necesitada, se pasó toda una tarde preguntando de bar en bar si necesitaban personal y al final me consiguió una entrevista de trabajo. Me llamó el miércoles por la tarde y el jueves por la mañana me recogió en el aeropuerto para llevarme, directa, a Figueretas, donde desde hace tres semanas juego a las camareras. La musa Laura, mi otra medio hermana, me dejó aparcar mi maleta en su salón (y allí está todavía, sorry) y compartimos cama y gato durante unos días hasta que en un semáforo apareció otro de mis ángeles guardianes, Vicent, de profesión vividor y solucionador de problemas ajenos.
Y gracias a él, ahora vivo en un barco anclado en una calle que no sé cómo se llama y que a veces todavía me cuesta encontrar. Bueno, vale, no es un barco de los que flotan. Es la terraza de un edificio estrecho y muy viejito muy cerca de la calle de la Virgen y del puerto de Ibiza. Erick, mi casero, todo un personaje que merece entrada aparte, colocó una cama, un baño y una cocina en la terraza y lo rodeó todo con una colección de ventanas medio desvencijadas, cada una de su padre y de su madre que, por supuesto, no encajan y nunca se pueden cerrar. Como puerta, un pedazo de tela naranja que ondea al viento que milagrosamente siempre sopla allí arriba. Por la ventana del baño se sale al tejado, donde sobre una tarima de madera aparentemente estable descansa una tumbona playera, perfecta compañera de lecturas y desayunos solitarios. El espectáculo, como podéis ver en la foto, es grandioso a cualquier hora del día y de la noche. Me encanta.
Esto es un resumen de lo que ha sido mi vida desde que salí de Australia a finales de junio. Implícito quedan un sinfín de sentimientos, dudas, sonrisas, cervezas y alguna que otra lágrima, pero pocas. Sólo sé que estoy feliz, aunque no sé hasta cuándo voy a tener trabajo y a dónde iré cuando se termine la temporada y cierre el Prince of Colours. La vida me está tratando muy bien y por suerte sigo aprendiendo cosas, sobre todo a relativizar acontecimientos y a dejar que las cosas sigan su curso natural. Y funciona.
Ya me he aburrido de escribir. Otro día más.
sábado, 23 de mayo de 2009
Desastre natural
miércoles, 20 de mayo de 2009
38
El año que termina ha sido un poco lamentable, asi que se me ha ocurrido cambiar el tradicional desayuno a base de cereales de chocolate y champagne por un menos osado tazon de marshmallows remojados en cafe con leche. Veremos.